lunes, 29 de julio de 2013
Recuerdos
Cuando una historia se acaba todo lo vivido en ella se vuelve etéreo, como si no hubiese existido, se pierde en la cabeza en una nube de recuerdos que bien podrían ser inventados. Los grandes momentos parecen sacados de películas y los besos, vistos desde fuera, parecen ejecutados por actores profesionales. Sin embargo, hay ciertos momentos en los que, entre el espesor de esa nebulosa de esos recuerdos casi ficticios, aparece una imagen totalmente nítida en tu cabeza; una madrugada de Noviembre, cuando apenas la conocías. Estábais en tu casa, sin tus padres, tumbados en el sofá. Llevábais toda la noche sin dormir y desayunásteis una pizza. La luz del sol empezaba a iluminar sus pecas mientras tú, acariciándola muy suavemente, intentabas contarlas todas, para así guardarlas para siempre en la memoria, al lado de su sonrisa y, de pronto, casi sin darte cuenta, te encuentras buscando sus labios, probando su saliva caliente y borracho por el olor de su pelo y de su cuerpo y entonces te das cuenta de que allí, en ese momento, todo lo que pudiera existir en el mundo y que no tuviese a ella carecía de sentido para ti, porque allí, en ese momento, te diste cuenta de que la querías de una forma inhumana, de un modo en el que jamás podrías querer a nadie, porque nadie, nunca, podría volver a hacerte sentir eso que te hace sentir el amor cuando llega por primera vez, porque, aunque vuelvas a querer atesorar las pecas de otra chica, volver a amanecer sin dormir, volver a desayunar pizza con ella o volver a enamorarte, esa nunca será la primera vez.
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