jueves, 18 de abril de 2013

Empieza el guión


Cuadernos en sucio, infinidad de notas en el móvil, ideas de situaciones en un pequeño bloc y muchas horas sin dormir dando forma a una idea ya muy definida. La historia está clara porque no me es ajena, no del todo al menos y llega el momento de, por fin, hacer algo con ella.

Esto es para lo que siempre he pensado que valía, es una de esas pocas cosas en las que tengo confianza en mí; escribir, pero estoy acojonado. Sé por dónde empezar, pero tengo miedo de que no vaya como espero. ¿Y si me atasco en un callejón sin salida? ¿Y si no soy capaz de desarrollar la historia como pensaba? ¿Y si, en realidad, carezco de talento para crear historias? Me enfrento en este momento a un estado de pánico profundo, miedo escénico. ¿Qué haré si esto no funciona? ¿Voy a poder soportar un golpe así? Tengo un millón de preguntas, pero ni siquiera sé a quién hacérselas. ¿Hay acaso alguna respuesta?

El temor ha hecho que alargue el momento de ordenar ideas y personajes todo lo posible, pero ya no puedo esperar más, es algo que no para de removérseme dentro y tengo que sacarlo. Va a ser algo en lo que invierta muchas horas y ponga muchos sentimientos, porque todos los sentimientos de los personajes en la historia salen de mí, de mi vida. No toda la historia es mi vida, claro que no, pero ¿cómo van mis personajes a reflejar sentimientos que yo no conozco?

Supongo que este texto es más para mí mismo que para vosotros, vamos, tampoco es que me lean veinte mil personas cada entrada. Creo que es un poco una manera de alejar fantasmas ahora que, irremediablemente, me veo metido hasta la garganta en el proceso de creación. Solo espero conseguir encontrar el modo de llevar todo este lío y no destruir mis expectativas de escribir, porque la del escritor frustrado es una figura que se vende muy bien, pero solo en las películas.

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