lunes, 27 de mayo de 2013

David

Los amigos de toda la vida y los amigos de siempre. Hay mucha diferencia entre ellos; los de toda la vida son esos que te han tocado porque sí desde que eras pequeño, cuya amistad se ha mantenido en mayor o menor grado desde el principio, pero los amigos de siempre son esos que aparecen en un momento dado y, aunque solo los hayas visto una vez, ya sabes que hay algo especial, algo distinto y algo que no va a ser fácil romper. El amigo del que voy a hablar es de los segundos.

Conocí a David el primer día de colegio en Cáceres, con doce años, hace la friolera de nueve años ya. Lo conocí en el recreo, aparecí en las pistas de minibasket acompañado de Javi González, la primera persona con la que hablé al llegar, y me presentó a todo el mundo. David destacaba sobremanera. No hablamos mucho ese primer día, nuestra relación se limitó a un partido de fútbol. Al principio no estábamos muy unidos, ya que estábamos en clases distintas; yo estaba en "B" y él en "C", yo salía con los de mi clase y él con los de la suya, pero poco a poco nos fuimos acercando. El punto de inflexión se produjo con la llegada de Coti al auditorio de Cáceres (Coti, el de "nada de esto fue un error, uoho, nada fue un error...", os la sabéis, vaya). David ha tenido siempre la facilidad de conseguir entradas para todo tipo de acontecimientos musicales en la zona y yo nunca he podido rechazar un concierto gratis. Allí nos plantamos él y yo solos para. Mientras hacíamos cola, una de las chicas más guapas del colegio y encima mayor, nos saludó (no voy a decir el nombre porque a nadie le interesa y tú, David, te acuerdas tan bien como yo), ya nada podía ir mal esa noche. Fue un concierto memorable, no por Coti, sino porque ahí me di cuenta de que el tipo sudado que estaba berreando iba a ser importante para mí.

Parece que ya hace un siglo desde aquel concierto y él sigue siendo uno de mis mejores amigos; una de esas personas especiales que aparecen de vez en cuando en la vida, un tío increíble. Puede creer que la distancia me ha hecho pensar menos en él o no echarle de menos, puede creer incluso que se me ha olvidado su cumpleaños y que no voy a felicitarle, pero nada más lejos de la realidad. Es imposible olvidarse de que todavía nos queda un concierto por hacer (sí, borrachos, subidos en unas piedras y cantando "El canto del loco"), es imposible olvidar todas las veces que me ha aguantado cuando yo era un puto coñazo, imposible olvidar ese verano donde los días empezaban a las doce de la mañana en el Consumer con veinte euros para comprar comidas empanadas y toda suerte de alcoholes, es imposible olvidarse del puto vermú con mayonesa y es imposible explicar en un texto lo importante que es este chico para mí. Muchas felicidades David, que sepas que, como tú conmigo, yo siempre estaré contigo en las buenas, en las malas, pero sobre todo en las horribles. Te quiero mucho.




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